LOS PELELES Y OTROS MONIGOTES.

Introducción

La quema de peleles es uno de los elementos más extendido y popular del folclore ibérico. Hablamos nuevamente del fuego, pues por lo general -aunque no siempre- estos simpáticos monigotes acaban siendo pasto de las llamas. Difícilmente podríamos ir más allá de las apariencias si nos conformamos con enumerar los lugares y peculiaridades de los actos que en torno a ellos tienen lugar a lo largo del calendario. De nuevo, al agrupar las fechas en las que tales ceremonias hacen acto de presencia, el orden y el sentido surgen ante nosotros: son las mismas en las que aparecen los postres que simbolizan el tiempo cíclico, pero también las hogueras, luminarias y candelas. Aquí también los momentos más notables son ambos solsticios y el equinoccio de primavera,mientras que el de otoño apenas tiene importancia en nuestras latitudes. ¿Qué simbolizan esos fantoches de paja que vestidos estrafalariamente cuelgan en calles o plazas y tienen final a plazo fijo devorados por las llamas, en medio del estruendo de petardos y tracas? No creemos aventurado afirmar -ya lo hemos adelantado en Capítulos anteriores- que se trata de la modalidad popular y folclórica del Annus pagano, de la versión medieval de la personificación del tiempo. Un símbolo ajeno al influjo cristiano, a veces regio, a veces villano según los textos, andrajoso y pícaro, y tal vez demasiado inocente como para que la Iglesia se haya opuesto a su supervivencia, aunque nos lo encontremos reconvertido en las figuras de los judas o los juanillos. Pero no sólo las Iglesias cristianas transforman los símbolos en su provecho:la modernidad por su parte hace lo propio y ahí tenemos a Papá Noel, un personaje universal cuyo acabado actual es fruto de la publicidad y de los intereses comerciales del siglo XX. En todo caso, dedicamos este Capítulo a esos monigotes que, con muy variadas apariencias y fechas forman parte no sólo de nuestro folclore, sino de nuestras mismas esencias y se hallan grabados genéticamente dentro de nosotros. Porque pese a su tendencia a la desaparición transitoria en las últimas décadas -ligada al paso de las formas de vida rurales a las de las grandes urbes industriales-, los peleles están hoy tanto o más presentes que en el pasado. De hecho la tendencia se encuentra invertida en la actualidad, y aunque la tradición ya no es fruto de las formas culturales presentes sino de una reafirmación en las raíces y en las identidades locales, estos elementos del folclore hispánico gozan de muy buena salud. Los significados primigenios, sin embargo,  son mucho menos conocidos,lo cual intentamos subsanar dentro de nuestras posibilidades a través del presente trabajo.

Los peleles del Carnaval

Entre los elementos comunes que pueden observarse en el Carnaval tradicional,  figura en muchos lugares la quema de un pelele de paja o de un muñeco de madera que previamente es paseado a hombros o colgado en medio de la calle. Tal vez esta costumbre proceda de las saturnales romanas, en las que los soldados, 30 días antes de celebrarlas, elegían al más bello de sus compañeros como rey,  y como tal lo vestían y trataban durante ese período. Llegado el día 30 de su reinado lo obligaban a suicidarse ante el altar de Saturno, a quien personificaba. Una costumbre similar había en diversos lugares de Grecia, donde lo inmolaban a Cronos. Hay que tener en cuenta que estas costumbres, tan bárbaras a los ojos occidentales modernos, se encuentran en todo tiempo y lugar: cuando los primeros españoles llegaron a América, los sacrificios humanos eran cosa normal entre los nativos. Ritualizada, esta muerte la vemos en los misterios religiosos o iniciáticos: la muerte del hombre viejo y su renacimiento en el hombre nuevo. En muchos pueblos pirenaicos, la sentencia y muerte del pelele, del Carnistoltes, de Peirote, o como lo llamaran, tenía lugar al atardecer del lunes o del martes de Carnaval, o ya incluso el miércoles de ceniza. En algunos sitios lo hacían a tiros, en medio de grandes burlas. En Lantz  (Navarra) lo hacen con el caballito, con el Zaldisko, y con Miel Otxin, un gigantón de tres metros de altura. El pelele tiene sus nombres en muchos lugares: Don Carnalen Águilas (Murcia); Markitosen Zalduondo (Álava) o Aldabika en Estella (Navarra). Mecos llaman a estos peleles en Buxán (Ourense). Los salmos fúnebres y las letrillas llenas de humor no suelen faltar en tales ocasiones. Estos peleles y monigotes representan también el año que muere, el ciclo que acaba. En algunas zonas euskald unas son dos y los llaman Aittun Aundiya y Amiñ Txikia, o sea, «Gran Abuelo» y «Pequeña Abuela», subrayando la dualidad natural de todo ciclo. Una de las múltiples versiones de la Vieja Cuaresma Esta dualidad puede verse también en una tradición canaria de origen afro-cubano: el mataculebra del Puerto de La Cruz (Tenerife), donde un grupo de personas con las caras pintadas de negro golpean una culebra de madera. La culebra representa en este caso el ciclo que muere, al igual que los peleles.

La Vieja Cuaresma y los Judas

La Cuaresma tenía sus diversas representaciones populares, así como diferentes modos de contabilizar las semanas que aún quedaban de privaciones. Tras años de ausencia están volviendo a aparecer esas imágenes, más como recuerdo y motivo lúdico, muy lejos ya de su sentido y finalidad primitiva: nos referimos a la antaño popular Vieja Cuaresma. Una vieja –una mujer, una especie de bruja, incapaz ya de concebir, una representación femenina de Saturno- con siete pies (las siete semanas de duración de la Cuaresma), sosteniendo una bacalada en la mano y a veces también un cesto de verduras. Su identificación conlas Infortunas medievales se trasluce claramente en esta descripción de Aureli Capmany, en Costums itradicions catalanes:…coincidiendo en la representación con nariz de cotorra, labios hundidos y sin dentadura…  es decir, combinaba las tipologías de Marte (barbilla saliente y nariz exageradamente aguileña) y Saturno (los labios hacia dentro, como los ancianos, por falta de dientes). Esta figura de la Vieja Cuaresma, que hoy se nos puede antojar cómica, era una especie de pelele de trapo que se colgaba en algún lugar visible de los pueblos. Según iban pasando las semanas se arrancaban también los siete pies, uno por cada semana de Cuaresma ya transcurrida. Así se contabilizaban los días en los que aún seguían vigentes las privaciones y penitencias cuaresmales.  La Vieja  Cuaresma  también se colocaba dentro de casa, en el balcón o en la ventana.  En algunos comercios lo que se colgaba eran siete arenques secos cosidos a una bacalada, los cuales se iban retirando al ritmo de una pieza por cada semana cuaresmal transcurrida. La Vieja Cuaresma, como el muñeco que representaba al Carnaval, era quemada por lo general el día de la Pascua, rellena de tracas y cohetes, o se la hacía desaparecer por el aire atada a un globo de hidrógeno, o también era enterrada, según la costumbre de cada lugar. 

Pero el Fuego purificador aparece también en las calles de los pueblos donde se conserva la tradición de quemar los judas, unos peleles rellenos de paja y petardos que son quemados en medio de gran expectación y estruendo de tracas y cohetes durante la mañana del domingo de Pascua.  Son muchísimos los lugares de España donde se lleva a cabo esta quema, que también está muy extendida en paí-ses como México. Una ceremonia similar a laque se hace con el muñeco del Carnaval, con la V ieja Cuaresma o el Olentzero vasco: muere lo viejo y nace lo nuevo, y lo hace precisamente a causa del Fuego,  del Principio vivificador de la materia -de lo masculino fecundando lo femenino -, simbolizado enla quema de estos simpáticos peleles. Y la prueba de ello es que losencontramos siempre en los grupos de fechas donde la serpiente se muerde la cola, en todas las que han sido antaño cambio de año. La Pascua marcó siglos atrás el inicio del año religioso para los judíos españoles, y también para los cristianos en diversos lugares  

ibéricos y europeos allá por la Alta Edad Media, hasta que hacia los siglos XII y XIII se desplazó paulatinamente el principio de año ala Navidad. Tenemos por tanto en esta fecha otro de losnudos del tiempo anual, revelado en las celebraciones religiosas y en los restos folclóricos.La quema de peleles se produce en diversas partes del año en muchas regiones del mundo, simbolizando con ella el paso de lo viejo a lo nuevo. La versión piadosa, en cambio, los condena a las llamas personificando en ellos alapóstol que traicionó a su Maestro, pero esto noes más que un añadido postizo relativamentereciente.  Se trata por tanto de una cristianizaciónmás de un elemento pagano (en este caso del Annus,el personaje del año), reconvertido en el discípulo traidor,  Judas.  No hay de qué extrañarse ya a estas alturas:  Cristo sustituyó primeramente al Annus como figura del año y despuéscomo divinidad que se encuentra másLa relación de esta tradición con lo viejo,y por tanto con Saturno, puede observarse enTielmes (Madrid), donde el judas es un árbol alque le han quitado las ramas. Dicho árbol lo talan el domingo de Ramos. En Robledo de Chavela, también en la misma provincia, al judas lo colocan en un gran tronco rodeado de cántaros. Lo apedrean después de la procesión y de los cántaros salen animales vivos, vino, harina, etc. En vez de quemarlos,  los judas son destrozados en Villaralto (Córdoba). En Alonso (Huelva), al judas le disparan con escopetas. En Cabanillas (Navarra) el judas es interpretado por un vecino al que se persigue por las calles. En Retuerta del Bullaque (Ciudad Real), antes de quemarlo, lo ahorcan. Hay que recordar martirios similares enlos peleles del Carnaval. La tradición de la quema de los judas también es muy popular en las Islas Canarias. En Alfaro (La Rioja), en 1999 se quemaron más de 40 judas, sufragando el Ayuntamiento parte de los costes.  Aquí, como en otros lugares, los judas han dado paso también a los personajes más populares y discutidos del año, y el gentío se agolpa en las calles para contemplar el ingenio… de las agrupaciones de comerciantes, que estimulan así sus ventas acosta de la tradición.Tradición que se adapta a los nuevostiempos y a las nuevas formas, pero sigue ahí,viva, respetando ante todo los plazos y los momentos: el fuego sigue haciendo su aparicióna fecha fija,la de los antiguos comienzos de año

o de ciclo.

Continuará….

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